Michel Ney

05/02/2010 at 18:41 Deja un comentario

Era hijo Pierre Ney, un tonelero de Saarlouis, Lorena, y de su esposa Margarethe Grewelinger. Su padre era además veterano de la Guerra de los Siete Años, por lo que el joven Michel supo por su boca cómo era la vida del soldado, aunque éste nunca la quiso para él. Ney recibirá una educación básica en una escuela de monjes agustinos, pero al ser su madre de origen alemán, siempre fue perfectamente bilingüe.


Siendo aún niño, comenzó a trabajar en la oficina de un importante comerciante de licores de la región alemana del Sarre y luego como aprendiz de vendedor de una fundición. Sin embargo en 1787 decide reorientar su vida y se une voluntariamente al 5º de Húsares, en contra de los deseos de su padre.

Desde su entrada en el Ejército, Ney encarnó fielmente todas las virtudes del soldado: valiente, generoso, abierto y solidario con sus compañeros, que le adoraban. Además demostró desde el primer momento una gran capacidad para entender los mecanismos de una batalla, en especial la caballería y la infantería de primera línea, por lo que su ascenso en la jerarquía militar fue meteórico.
El 19 de Mayo de 1804, en una solemne ceremonia, Ney recibe de Napoleón su bastón de Mariscal del Imperio. Acto seguido es destinado al frente del VI Cuerpo del Gran Ejército, invadiendo Austria en 1805 y logrando una gran victoria en la Batalla de Elchingen. Este movimiento de Ney se coordina perfectamente con la Batalla de Ulm, donde Napoleón aplasta al ejército austriaco. En noviembre de ese año Ney invade el Tirol y conquista Innsbruck y Carintia  tras derrotar al Archiduque Juan. De esta forma, el derrotado Emperador Francisco I de Austria se ve obligado a firmar la paz.

En 1807 vuelve a tomar parte activa en la guerra contra Prusia. En la Batalla de Jena dirige un asalto frontal contra las líneas prusianas que fracasa, y bien hubiera podido ser su final si el mariscal Jean Lannes, que percibe su situación, no hubiese intervenido en su apoyo. Tras Jena, Ney combate en la Batalla de Erfurt, pasando luego a dirigir el victorioso asedio de Magdeburgo, que es tomada en tan solo veinticuatro horas. En lugar de detener a su ejército avanza tras los pasos de Napoleón, lo que le permite intervenir a tiempo en la Batalla de Eylau, justo en el momento en que el mariscal Murat luchaba heroicamente para evitar que el ejército francés fuese dividido en dos. La llegada de Ney provoca una retirada de las tropas rusas, de forma que la batalla acaba en tablas. Las tropas francesas estaban tan exhaustas que Napoleón encarga al recién llegado Ney la inspección del campo de batalla, una inmensa llanura cubierta de nieve enrojecida por la sangre. Así, en su informe dirá: “Quel massacre! Et sans resultat! (¡Qué masacre! ¡Y sin resultado!)”.

La guerra contra Rusia continúa en la Batalla de Güttstadt, donde los 14.000 hombres de Ney derrotan a 70.000 rusos. Posteriormente, Napoleón le asigna el mando del ala derecha en la aplastante victoria de Friedland. Como reconocimiento a estos heroicos esfuerzos, en 1808 Bonaparte le nombra Duque de Elchingen.

En agosto de 1808 Ney es enviado a España con su VI Cuerpo del Gran Ejército. Allí queda al servicio de José Bonaparte, pero enseguida se niega a obedecer sus órdenes, que considera inapropiadas. Sus tropas le apoyan fielmente, y José protesta ante Napoleón. Cuando el Emperador se entrevista con su hermano, en presencia de Ney le espeta: “El general que hubiese obedecido tales instrucciones habría sido un estúpido”. Así, aunque José permanece como Rey de España, el mando militar queda en manos de los mariscales nombrados por el Emperador.

Ney es destinado a las órdenes del mariscal Masséna, junto a quien toma Ciudad Rodrigo, Côa y vence en la Batalla de Buçaco. Sin embargo también acaba teniendo desavenencias con su nuevo comandante acerca de la manera más eficaz de dirigir la guerra. La presencia de Jomini, a quien nombra jefe de su estado mayor, no sólo no le favorece sino que le granjea un nuevo enfrentamiento dentro del alto mando, esta vez con el mariscal Soult. Ambos mariscales le acusan formalmente de insubordinación, lo que provoca que en 1810 Napoleón le retire de España y le llame a París. Sin embargo, para gran satisfacción de Ney, el Emperador no le hace ningún reproche sino que le explica que su decisión se debía tan solo al deseo de que no hubiese más enfrentamientos en lo alto de la escala de mando.

Ney ha sido duramente criticado por su actuación durante esta batalla, tal vez no demasiado clara. El 16 de junio se enfrenta a un ejército anglo-holandés en la Batalla de Quatre Bras, forzando su retirada hasta la villa de Waterloo. Pese al deseo de sus generales de hacer una maniobra envolvente, Napoleón prefiere plantear un asaltro frontal contra las líneas inglesas, a la par que envía órdenes al mariscal Grouchy para que se una a la batalla desde otro flanco, en una maniobra de tenaza. Sin embargo en la Batalla de Waterloo todo sale mal para los franceses: Grouchy nunca recibirá el mensaje y, además, no atiende al ruido de la batalla y se mantiene en sus posiciones, alejado del combate, mientras que los prusianos de Blücher sí que se moverán para aislar a Napoleón.

Al mando del flanco izquierdo, Waterloo será el último escenario bélico en que Ney exhiba su valor. Sin embargo su actitud es imprudente, ya que ordena cargar a la caballería contra la infantería inglesa, formada en cuadros en el puesto fortificado de Hougoumont, antes de que la artillería francesa pudiese debilitarla. Napoleón, que observa este movimiento con su catalejo, grita a sus ayudantes: “¿Qué hace Ney? ¿Se ha vuelto loco?” Consternado, decide no abrir fuego de cañones ya que las tropas de Ney están en plena línea de tiro. El mariscal lucha como un soldado raso en primera línea de fuego y lanza hasta cuatro cargas de caballería consecutivas, pero no pudo romper la formación de los hombres de Wellington. Cuando comprende su error solicita nuevos refuerzos a Napoleón, que le contesta: «Como no los fabrique… ¿De dónde espera que los saque?». Desesperado y temiendo la derrota, Ney ordena nuevas cargas contra el frente inglés, hasta que comprende que todo está perdido y grita: «¡Venid y ved cómo muere un Mariscal de Francia!». En la última carga, cuando era uno de los pocos supervivientes de la caballería, fue visto golpeando su sable contra el lateral de un cañón inglés, presa de la frustración.

Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Ney

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