Emmanuel-Joseph Sieyès

05/02/2010 at 19:02 Deja un comentario

Nació en Fréjus, al sur de Francia, y se formó en el seminario de Saint-Sulpice, París, y en la Sorbona. Se vio imbuido de las enseñanzas de John Locke, Étienne Bonnot de Condillac y otros pensadores políticos con especial preferencia por la Teología. Sacerdote a pesar de sus pocas convicciones, su aprendizaje le permitió una rápida promoción a vicario general y canciller de la diócesis de Chartres. Sin embargo, era consciente de que al no ser noble, tenía pocas oportunidades de promoción en el seno de la iglesia.

En 1788, la convocatoria de los Estados Generales de Francia, tras un intervalo de más de un siglo y medio, y la invitación de Jacques Necker a las personas instruidas para exponer sus puntos de vista para la organización de los Estados Generales, permitió a Sieyès publicar Consideraciones sobre los medios de actuación de los cuales podrán disponer los representantes de Francia en 1789, donde sienta las bases de su pensamiento político. Escribe Ensayo sobre los privilegios y el mismo año publica su celebrado panfleto: «Qu’est-ce que le tiers état?» (¿Qué es el tercer estado?). Comenzaba con la respuesta a la pregunta «Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada. ¿Qué es lo que desea? Ser algo». Por estas palabras, se decía que estaba en deuda con Chamfort. El panfleto tuvo mucho éxito, y su autor fue admitido en los clubes y las sociedades más selectas de París. A pesar de ser sacerdote, optó por no sentarse con el clero en los Estados Generales y fue elegido como el último (el vigésimo) de los representantes del Tercer Estado por París .

A pesar de su poca habilidad como orador, su influencia era grande. Fue el impulsor de la constitución de la Asamblea Nacional por el Tercer Estado, cuando éste abandonó los Estados Generales el 10 de junio de 1789, seguido por el clero pobre y algunos nobles. El 20 de junio, es uno de los redactores del Juramento del Juego de Pelota (Serment du Jeu de paume) por el que la Asamblea se declara Asamblea Constituyente y emprende la redacción de la Constitución que se aprobará en 1791. Colaboró también en la redacción de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789.

En el seno del Comité para la Constitución, Sieyès tiende hacia el sufragio universal pero se opone a la abolición de los títulos y la confiscación de las tierras de la Iglesia. Se opuso al derecho de veto absoluto del Rey, veto el cual apoyó infructuosamente Honoré Mirabeau. Para la mayor parte de los asuntos, guardó para sí sus opiniones en la Asamblea, hablando muy raramente y generalmente con brevedad y ambigüedad oral. Tuvo una considerable influencia en la división administrativa del territorio nacional en Departamentos, pero tras la primavera de 1790, fue eclipsado por otros. Sólo una vez más fue elegido como presidente bisemanal de la Asamblea Nacional Constituyente. Renunció al sacerdocio para obedecer a la constitución civil del clero en 1790.

Excluido de la Asamblea Legislativa por la ordenanza auto-excluyente de Maximiliano Robespierre, reapareció en la Tercera Asamblea Nacional, conocida como la Convención (septiembre de 1792- septiembre de 1795), donde se sentaba en la parte central llamada “la llanura” o “el pantano” (la plaine, le marais). Aquí su auto censura fue aún más notable, en parte por disgusto y en parte por timidez. Más tarde caracterizó su conducta durante el Reinado del Terror en la frase irónica: J’ai vécu (He sobrevivido). Votó a favor de la muerte de Luis XVI, pero no en los términos despectivos que se le atribuyeron. Era conocido su desacuerdo con muchas de las provisiones de las constituciones de los años 1791 y 1792, pero hizo poco por mejorarlas.

En 1795, fue durante 6 meses miembro del Comité de Salvación Pública en el que abogó por una política expansionista. El mismo año, fue en misión diplomática a La Haya, y sirvió como instrumento para trazar un tratado entre las repúblicas de Francia y Baviera. Disintió con la Constitución de 1795 (la del Directorio Ejecutivo) en muchas e importantes partes, y rehusó servir como Director de la República. En mayo de 1798 fue como embajador plenipotenciario de Francia a la corte de Berlín, para tratar de inducir a Prusia para hacer causa común con Francia contra la Segunda Coalición. Su conducta fue ejemplar, pero no obtuvo el resultado deseado. El prestigio que envolvía a su nombre le llevó a ser elegido uno de los cinco miembros del Directorio de Francia en lugar de Jean-François Rewbell, en mayo de 1799.

Ya entonces estaba preparando la caída del Directorio, y se dice que consideró la llegada al poder en París de personajes tan despreciados como el Archiduque Carlos y el Duque de Brunswick. Se dedicó a minar la Constitución de 1795. Con este ánimo hizo que el resucitado Club Jacobino fuera cerrado, y sondeó al general Joubert para dar un golpe de estado. La muerte de Joubert en la Batalla de Novi, y el retorno de Napoleón de Egipto cambió sus esquemas, pero finalmente llegó a un entendimiento con el joven general. Sieyès buscaba un hombre fuerte capaz de impedir el regreso inminente de los monárquicos y salvar así lo que quedaba de la Revolución. Tras el golpe de estado de 18 de Brumario, Sieyès produjo la constitución perfecta que tanto tiempo había planeado, sólo para ser completamente remodelada por Bonaparte, quien de este modo, dio un golpe dentro del golpe.

Sieyès se retiró pronto del puesto de cónsul provisional que había aceptado tras el golpe de brumario, para sin embargo convertirse poco después en uno de los tres Cónsules que gobernaban durante el Consulado de Napoleón Bonaparte, y ser nombrado posteriormente presidente del Senado. Tras la represión abusiva llevada a cabo con el pretexto del atentado de la calle Saint-Nicaise,[1] en 1800 en París, defendió en el Senado los ilegales y arbitrarios procedimientos por los cuales Bonaparte había llegado a liderar a los Jacobinos. El Imperio marginó a Sieyès políticamente, aunque éste conservase su puesto de senador hasta 1815. Rumores probablemente acertados, conectan su retiro con la adquisición de una bonita finca en Crosne. Durante el Imperio, que le concedió el título de Conde en 1809, raramente emergió de su retiro.

En la época de la restauración borbónica (de 1814 a 1830), fue desterrado de Francia por regicida y se instaló en Bruselas. Tras la Revolución de julio de 1830, regresó de nuevo. Fallece en 1836 en París a la edad de 88 años. Está enterrado en el cementerio de Padre Lachaise (cimetière du Père-Lachaise).

Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Emmanuel-Joseph_Siey%C3%A8s

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Aleksandr Suvórov Louis Charles Antoine Desaix

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